ORACULO INFIEL

ORACULO INFIEL
DISFRUTEMOS

jueves, 17 de diciembre de 2009

Sueño contigo

Soy el tigre .
Te acecho entre las hojas
Anchas como lingotes
de mineral mojado

El río blanco crece
Bajo la niebla . Llegas.
Desnuda te sumerges.
Espero.
Entonces en un salto
De fuego, sangre y dientes,
De un zarpazo derribo
Tu pecho, tus caderas.

Bebo tu sangre, rompo
Tus miembros uno a uno

Y me quedo velando
Por años en la selva
Tus huesos, tu ceniza ,
Inmóvil, lejos
del odio y de la cólera,
desarmado en tu muerte,
cruzado por las llamas ,
inmóvil en la lluvia ,
centinela implacable
de mi amor asesino .

Pablo Neruda


Hace casi un año que conozco a Cloe,como nos conocimos es lo de menos, lo que importa es todo lo que pasamos juntos. No vivimos en la misma ciudad, no poseemos el mismo uso horario , lo cual complica un poco las cosas, sobretodo al momento de encontrarnos .

Nos queremos mucho, somos algo mas que incondicionales, cada uno hace su vida por su lado pero al final, de una u otra forma, siempre volvemos a estar juntos, encontramos la manera de comunicarnos.

Potenciamos el sexo, lo gozamos, lo disfrutamos a pleno, nos place sobremanera contarnos todo, hacer volar nuestras ideas cada vez que hablamos del tema, sentir que hay alguien más del otro lado capaz de entender todo lo que pensamos y queremos de nuestro propio placer.

La práctica del cibersexo nos ha llevado al delirio en más de una ocasión. Para la mayoría de las personas quizás esta práctica no es convencional ni placentera. Para nosotros, lo es y nos encanta.

Los dos somos tremendamente pasionales y podemos y deseamos pasar dos o tres días encerrados entre cuatro paredes, solo disfrutando de lo mejor que tiene el uno para el otro.

No sé exactamente por que, ese encuentro lo soñé, lo imaginé, u ocurrió; ambos veníamos cargados con cosas personales pero, como siempre, la premisa era ser solo los dos, dejar los problemas en la casa de cada uno y dedicarnos al otro en cuerpo y alma.
Ese día atrás quedarían los problemas de dinero, su esposo celándola, la falta de trabajo, mis hijos, mi casona, sus penas y las mías.
Ese día seriamos solamente ella y yo, la DIOSA y el TIGRE reunidos para gozarnos, la que habíamos construido con fantasías, mimos, música y mucha, muchísima pasión.
Podría decir que lo soñamos o lo imaginamos a dúo, construimos ese espejismo único y mágico, no sé yo estaba ahora entrando a su living, acercándome a ella, tanto tiempo, tanta ansiedad, tanta espera....Había olido en su jardín a sus flores, sabían a ella, inquietantes, frescas, dulces y exóticas...
Ella , estaba tan simple sobre ese sofá que me atraía justamente por eso, por su sencillez que resaltaba sus rasgos, tan diosa...
Sinceramente, me moría de nervios pues la ansiedad aquietada tanto tiempo, no quería ser vulgar, quería que todo fuese perfecto...

Comencé a sentir que cierta excitación invadía mi cuerpo, su suave voz me arrullaba, su extraña entonación me relajaba muchísimo y verla moverse sensualmente me generaba una extraña sensación de tibieza y exaltación en mi alma y en mi carne.
Lentamente fue acercándome al sillón donde ella estaba y me senté cerca de ella, su fragancia intensa, única me arrastraba a sitios de intensas sensaciones

El aroma a las flores que desde el jardín invadían el living ,su fragancia, su voz suave y sexual y ella con sus movimientos sensuales de gacela y tigresa me transportaban al preludio de un mundo pleno de sensaciones mágico como la atracción de ella sobre mí.

Su mirada provocativa, con una sonrisa dibujada en su rostro, en sus ojos, con los labios húmedos me arrancaba mis impulsos de bestia de la selva desde mi interior se estaba gestionando una fuerza intensa, que deseaba amalgamarse a ella, poseerla alocadamente.

Sus manos suaves comenzaron acariciando mi cabello y suavemente mi cuello, como si fuéramos marido y mujer en años, pareja que conocíamos cada detalle nuestro y nos saboreamos con esas tibias caricias de amantes maduros , sabedores del cuerpo del otro .

Bajo el influjo de sus caricias y de su mirada, no podía moverme, quería quedarme allí esperando que siguiera ella con su elíxir y en tanto pensaba todas estas cosas, sentí un leve roce de sus labios en los míos. Fue algo tan delicado, tan sutil que me estremeció.

Sus besos intentaban ser sobre mi piel, como leves alas de mariposa, besos suaves, tiernos, tendían a recorrer mi piel y encendían mi pasión...

Deje que siguiera haciendo eso. Me besaba suavemente, sin decir una sola palabra. Sus labios apenas rozaban los míos pero me encendían, me enardecían. Tenía un aliento suave, delicado, como toda ella en sí misma. Su boca abandona la mía y beso mis ojos, mi frente, mis mejillas, mi cuello, de mis pechos.

La tersura de su boca me encanto, me abrió un mundo de sensaciones único, sentía que caía en un abismo y volvía a subir. Su lengua me penetró suavemente una y otra vez la boca, buscaba la mía con calma, con delicadeza pero con muchísima sensualidad.

No sé si su forma de proceder tenía que ver con su origen o con su innata femineidad, lo cierto es que sus manos parecían mariposas acariciando mi cara mientras me besaba y completaba así un momento de erotismo impresionante.

Cuando pude tomé el control, la desnudé lentamente como quien va descubriendo la absoluta belleza, como con temor de desperdiciar cada momento, sentía que su cuerpo quedaba desnudo y mi corazón latía, quería grabar ese instante para siempre para la eternidad el cuerpo de mi diosa, desnudo.

Miel, canela, sol, luz , azules todo se mezclaba en su cuerpo , era la fuente de todo y yo lo tenía ahí desnudo, para mi...

Le coloqué dos almohadones por debajo y cuando había quedado cómoda empecé a frotar mis manos, de manera etérea para recorrer su piel suave y dorada.
Mis caricias eran leves masajes, al mismo tiempo que descubría su piel y su cuerpo lo estaba erotizando, encendiendo su carne, dejando estelas de fuego por donde pasaba. Era todo tan suave, tan mágico que parecía irreal, era un sueño, una realidad, un viaje sin retorno, la inalcanzable búsqueda de la hembra total...

Su abdomen pasó a ser el templo de mi mayor atención, bellísimo, suave parecía encantado como toda ella. Lo acaricié una y otra vez, dejé resbalar mis manos por él y descender hacia mis muslos. Subía y bajaba por ellos, los recorrí en toda su extensión, por donde sus manos pasaban dejaban una huella cálida que me excitaba y sentía que mi sexo estaba comenzando ha ERECTARSE, MIENTRAS SABÍA QUE ELLA, MI DIOSA comenzaba a humedecerse de una forma increíble.

Nada se comparó con el preciso instante en el que ella abrió delicadamente mis muslos y dejándome que me encargue de su sexo, al mismo tiempo sus manos hábiles parecían conocer de memoria mi cuerpo porque se dirigían exactamente a los rincones en donde solía estallar de placer.

Sus gemidos comenzaron a escucharse cada vez más fuerte, mis suspiros solo le daban la certeza de los lugares en donde debía detenerse más y continuar con las caricias.

Con su sonrisa me dio el consentimiento para seguir, seguí excitándola despacio pero seguro. Primero decidí que mi lengua se encargara un poco mas de ese lugar y la moje, arrastre el flujo desde su vagina hasta su cola, aquel suavecito deseado, acariciaba con mi dedo índice la entrada en círculos y de a poco alterné con mi lengua para ir abriéndolo más y más.

Cuando había conseguido que se abriera en forma considerable, mi dedo mayor se deslizo en él y comenzó a penetrarla una y otra vez, me movía como si mi dedo fuera un pene que la tomaba sin control por atrás y los gemidos de la DIOSA se multiplicaban por todo el espacio.


Mi lengua se dedicó a su clítoris y mi dedo seguía en su cola mientras ella, como podía, seguía lamiéndome más y más.

Allí ella me pidió que nos acomodarnos para que ella en su boca podría hacerme arrancar mas y más deseo en mi sexo mientras yo continuaba con aquella tarea erotizante

Así, en un sesenta y nueve intenso, colosal, electrizante, deliciosamente logramos ingresar y movernos en perfecto estado de locura, de delirio, de desborde pasional.

Nos acomodamos, esta vez ella me recostó a mí sobre el sillón y apoyó sus mejillas sobre mi sexo duro, la firmeza de mi carne, su calor le producía según sus palabras una sensación gloriosa, un aroma a hombre que la mareaba, quería probarlo, quería saborear ese tesoro.
Nuestros sudores intensos aumentaban y se unían en la superficie de nuestros cuerpos .

Ella tomó mi sexo erecto con ambas manos, me hizo acariciar su cara por completo, con sus manos y mi pene recorrí la piel de su cuello, sus mejillas, sus ojos, su cuello, nuevamente y el recorrido se detuvo entre sus pechos, que froté con la cabeza de mi pene moreno. , de color oliva, era bellísimo observar mi pene oscuro contrastando contra sus pechos más claros ...

Me encantaba escuchar los suspiros de mi diosa, era música celestial, enorme, me llegaban hasta el alma, y ese sonido me hacía saber que ella disfrutaba aquello.

Dejé que mis dientes rasparan delicadamente la punta de sus pechos duros con sus pezones erectos, sentir la tensión de esa zona mientras mis dientes simulaban pequeños pero muy suaves mordisquitos, era algo que a los dos nos volvía locos.

Mi pene aumentaba de tamaño a medida que sus besos cobraban intensidad. Me enloquecía como sus labios recorrían mi glandé morado, sentir la humedad de su lengua cálida y suave me hacían delirar y vibrar.

Tomó en su boca toda la potencia de mi sexo, como para poseerme por completo, ser mi dueña, apoderarse de mi cuerpo, de mis impulsos y de mi voluntad.

Me encantaba sentir como podía llegar casi a tocarle la garganta, era un placer sentir como rozaba su paladar mientras su lengua siguiera lamiéndome.

Nos acomodamos nuevamente y yo abrí levemente mis piernas dejando una de las ella encerrada entre las mías.Eso permitía que nuestros sexos se unieran más aun, que pudiéramos quedar casi encajados uno dentro del otro.
Aún con el estado de excitación que teníamos y al mismo tiempo que nos besábamos, dimos unos pasos, como bailando al son de la música que flotaba en el aire, esa música que nos envolvía mágicamente en cualquiera de nuestros encuentros.

En cámara lenta, la deposité sobre la alfombra, dejando sus piernas apoyadas sobre el piso y su espalda recostada cómodamente.
Llené sus pechos de besos, lamí cada centímetro de su piel y me dediqué plenamente a sus pezones. Parecía encantarle que los mordiera y a veces tenia cierto temor a lastimarla, pero ante su insistencia y su urgente pedido, mordía sus pezones, los excitaba mas de lo normal, los endurecía tanto con mi boca que parecía que no resistirían la presión que acumulaban.
Parecía un bebé mamando de su fuente de vida, no cesaba de tomar de ella, parecía querer saciar mi sed extrayendo de ella todo el líquido que su cuerpo podía regalarme.

Sus pechos ardían y su sexo se inundaba de flujo, todo su cuerpo parecía haberse convertido en una represa estallando, dispuesta a darle a su Tigre todo lo que necesitara para sentirse satisfecho.
Mis dedos largos y finos la recorrieron por completo desde sus labios vaginales a su interior, era cálida, húmeda parecía que su vagina se abría para mí, como no lo hacia casi nunca para nadie, solamente su TIGRE sabía que rincones ocultos llegar para que su cuerpo respondiera con mas y más goce.

Por momento creíamos que no íbamos a tolerar mas esa tortura mutua, deliciosa, que nos propiciábamos en uno al otro, pero siempre había otro paso adelante, siempre quedaba mas resto para hacernos gozar

Nos besamos con desesperación, la calentura se hacia notar cada vez mas, la urgencia de la posesión estaba llamando y nos prometía un momento mágico.

Mientras nos enredábamos en otro beso de los que nos volvían locos, la penetré con una fuerza inusitada, necesitaba hacerle sentir el rigor de mi virilidad, apisonándola como una fiera salvaje.

Que gloria sentirla, poseerla bestialmente, que placer extremo sentir mi pene maravillosamente erecto e hinchado dentro de aquella cavidad soñada ,llenándola, ingresando en su cuerpo caliente y sudado.
Su cueva dorada era tan caliente, tan húmeda, estrecha y profunda, inquietante y sabrosa era u n maná mágico que yo pretendía que me devorase por completo...
Me moví dentro de ella, entré y salí de su interior, produciéndole oleadas de placer cada vez que la penetraba de esa forma, ella a subía y bajaba sus caderas pegadas a las mías con mas y más fuerza.
La tome de sus caderas y de esa forma los dos bailábamos al mismo compás, los dos nos habíamos convertido en uno solo, estábamos sincronizados y completamente pegados, fusionados intensamente por el placer

Mientras seguía penetrándola, le decía las cosas más calientes al oído, la tratara como mi hembra caliente, como mi hembra en celo.

Sus suspiros de placer aumentaban cada vez más de nivel, los gemidos de ambos habían llenado la habitación, se mezclaban con la música y con nuestros pedidos de más, de seguir excitándonos, de permanecer uno sobre el otro sin despegarnos.

Sus piernas estaban totalmente abiertas, casi subidas a mis hombros para facilitarme cada envión que tomara, cada empujón que significara que mi pija llegara mas y más lejos en su interior.

El roce de sus pechos contra mi tórax al movernos hacia arriba y hacia abajo había endurecido sus pezones una vez mas y a medida que la cogía y mi boca los mordía otro poquitito, los seguía provocando.

Así, dentro de mí como estaba, la senté en la alfombra y dando una pequeña vuelta sobre mí mismo, me dejé caer de espaldas, teniéndola encima, con sus manos recostadas sobre mi pecho.

Mi pija no la había abandonado, seguía bombeando dentro de ella con frenesí, con locura, con deseo y pasión.

Ella cabalgó sobre mí, su pelvis frotaba mi vientre y era una suave caricia mas que se unía al concierto de placer que vivíamos.

Mientras subíamos y bajábamos enredados en esa danza, mis manos tomaban sus pechos y los masajeaban, los movían, seguía estimulándolos y la combinación de tantas sensaciones era letal para ambos, a veces creía que no podríamos aguantar tanto pero yo seguía y ella seguía, seguíamos locamente...

Cuando sus pechos parecían estallar, tomé sus caderas con mis manos y después de acomodarla mas sobre mí, uno de mis dedos seguía su rumbo hacia su culo, el suavecito dorado y prometido.

Con precisión encontré la zona que ahora quería excitar y comencé a rodear su agujero con mi dedo, lo acaricié lentamente y cuando noté que estaba a punto, dejé que mis dedos ingresaran en él.

En ese momento la Diosa explotó de vibraciones intensas tuvo dos orgasmos increíbles, dos orgasmos que la invadieron como un huracán, dos orgasmos que la hacían caer sobre su pecho para volver a empezar y que yo conciente de alcanzar la dicha juntos lo hice aumentar al soltar mi catarata de semen en su vagina, ella era transportada al Olimpo, allí llevé a mi DIOSA.

La dejé descansar y aquietar las vibraciones pero yo quería ir más allá y sabia que ella estaba dispuesto a esa, sabia que siempre había querido ser mía de una forma especial, de esa forma en que yo quería que lo fuera.

Delicadamente lo coloque en cuatro patas, empecé a besar el suavecito mientras mis dedos jugaban en su vagina. Quería poseerlo, quería hacer mío aquel suavecito encantador, quería que me sintiera en su interior.
En esa posición se veía tan expuesta a mí, tan vulnerable pero a la vez lo hacia tan hembra, tan puta frente a mis ojos que me excitaba solo poder mirarla.

Con la mayor suavidad de la que fui capaz, deje que mi lengua lamiera su sexo desde atrás, que mis dedos se empaparan de sus fluidos vaginales y los ingresen a su ano.

Deslice lentamente mi lengua hacia el agujero de su culo y podía sentir pequeños temblores que recorrían su cuerpo, sabiendo lo que vendría, sabiendo que seria por completo de su TIGRE , mi hembra por primera vez, que estaba a punto de permitir la cogiera en su total dimensión.

Cloe respondía, todo su ser respondía a mis caricias, todas sus células estaban dispuestas a gozar, a sentir, a rendirse a mí.

De a poco fui logrando que se abriera, que el espacio para mis dedos fuera más y más grande, que su voz quebrada de deseo llegara a pedirme un dedo en su interior, luego dos, parecía que si esfínter cedía más y más logrando una correcta dilatación. No aguante mas y comencé a introducirlo suavemente. Nunca había sentido tanto placer en mi vida como en aquel momento, despacio haciendo que ella sintiese el menor dolor posible, abriendo sus nalgas, introduciéndome en ella en todas las dimensiones soñadas.

Los movimientos de Cloe eran cada vez mas desesperados, estaba gozando mi penetración, estaba rendida a mí, era su dueño, ella era mi mujer, mi hembra...
Me excitaba cada vez mas sentir como contraía sus músculos para retener mi pene en su interior y al sentir que podía, yo presionaba y avanzaba otro momento más en su interior.
Las sensaciones de ambos eran cada vez más fuertes, mi verga introducida entre sus nalgas me daban un poder impresionante, me encantaba escuchar desde esa posición los suaves suspiros y gemidos de mi diosa...

La poseí de esa manera hasta sentir que ella explotaba, hasta darme cuenta que luego de enormes movimientos, de intensas vibraciones e increíbles convulsiones preanunciaban el delirio total. Estábamos cansadísimos pero no queríamos detenernos, nos faltaba un orgasmo compartido, nos faltaba el final para ese momento de mutua posesión, nos faltaba el sello de una noche donde fuimos uno del otro en forma cabal, en forma completa, sin mezquindades y con la total convicción de que nos pertenecíamos de una forma única.

Nos dimos el permiso de prolongar el delirio de nuestra calentura hasta sentir que lo único que queríamos era darle al otro nuestra esencia, nuestros sudores, nuestros fluidos íntimos, todo.

Nos dejamos llevar y estallamos en un orgasmo compartido, ese que veníamos buscando desde hacia mucho, ese que terminaría uniéndonos mas todavía.

Al fin pudimos completar ese momento con un beso, con un suave y dulce beso. que en un dulce silencio, habíamos tocado con aquel, orgasmo mutuo el cielo con las manos, habíamos viajado juntos al olimpo y al paraíso.

Nos abrazamos como estábamos, traspirados, bien sudados, cansados pero increíblemente felices y satisfechos.

Nos rendimos al sueño, abrazados. aquella había sido nuestra noche, nuestro mutuo deseo sellando días y días de delirio y encuentros furtivos en la red, la prolongación de un cariño que iba mas allá del tiempo, lo soñado, lo imaginado o lo virtual...

El tigre
sertigrenahuel@yahoo.com.ar

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