
Uno trata de evitarlas pero son cuestiones que tarde o temprano nos llegan y vemos que es inútil hacer oídos sordos a su naturaleza , Que contradecir a la naturaleza es imposible y aunque terminemos dañando a un amigo o alguien querido, no se pueden evitar, no pueden dejar de hacer. En definitiva y eso es la vida , atracción , desolación, pasión y locura.
Y me crucé con ella , Isabela , otro mujer mas en mi vida, sin buscarla, sin quererlo, sin siquiera esperarlo o imaginarlo, apareció. Era la esposa de mi gran amigo Bruno, la concocí en su casa, él me invitó a cenar.. cuando la vi sentada en una esquina y, me quedé perplejo, pues lo que he visto en esa hermosa mañana era algo alucinante que me quedé con la boca abierta. Nunca había visto cosa semejante que me enamorara así tan rápido, pues aquella mujer de cuerpo voluptuoso y encantador, me había derretido el corazón…
…Es que su figura perfecta, sus senos de roca, y sus piernas hechas con manos de artesanos, sus pies bonitos y delicados que lucía en aquella sandalia de taco chino, y sus miradas penetrantes que al menor impacto, caían rendidos los hombres a sus pies
…jamás imaginé que esa mujer se acercaría hasta mí para preguntarme el nombre de una calle, pero esa no era la excusa para acercarse, pues yo estaba con el choto totalmente abrumado y totalmente excitado, que no me quedan dudas para decir que estaba erecto.Me miraba fijamente a los ojos esa mujer que yo me confundía con ese vaivén de su caminado y de su perfume, que por momentos se me iba la respiración.
Empezó clavando el aguijón donde mas molesta, en el orgullo, en la autoestima, en la inteligencia y en la duda. Empezó acicateando a mi mente y me costo resistirme a la tentación de seguir su juego, de hecho no lo logre y acá estoy, hablando de él.
Los dos invertimos horas, semanas y días en decirnos, en conocernos, en adivinarnos y las cosas, a lo largo de todo ese tiempo fueron cambiando. Fuimos confidentes, rivales, contrincantes. El fue mago, yo adivina. El fue misterio y yo, pura duda.
Hasta que todo se convirtió en encuentro, en el que los dos queríamos o no, en el que los dos soñábamos o no, pero fue encuentro.
Llegó hasta mi casa nervioso, con una carga de ansiedad no menor a la mía, pero sin poder disimularla, a diferencia de lo que me pasaba a mí, el recurso de la broma siempre me fui efectivo y no iba a dejarla de lado en ese momento, no justamente ahora.
Así, hablando de cualquier cosa y mirando para todos lados, subimos hasta mi departamento y seguíamos sin poder aflojarnos, la sensación de tenernos frente a frente después de tantas charlas, era muy extraña.
Éramos dos desconocidos desde lo físico, pero muy conocidos desde el alma y eso a veces, confunde, a veces se escapa de las manos, no se sabe si tratar al otro como alguien que siempre estuvo en nuestras vidas o como alguien que recién la estrena.
Me encantaba verlo sentado en mi cama, charlando conmigo, mirándome, confirmando cm. a cm. cada palabra que sabia de mi, viendo en mis ojos que era ésta, la de siempre, la que tenia temores, miedos, ansiedades, vergüenzas, escondites y abrazos.
Me gustaba mirarlo a los ojos y descubrir que había en ellos mas magia de la que pensaba y sentía que una atracción mas fuerte que la prevista llenaba mi cuarto, pintaba las paredes de azul y subía hasta el altillo, lugar en donde el estaba desde hacia muchas semanas.
Es difícil explicar la contradicción de querer recibir una caricia y temerle a la vez, pero la verdad es que teniéndolo de frente esas sensaciones se encontraban a cada segundo, era un ir y venir de querer y no querer, de poder y necesitar, pero no atreverse a dar el primer paso ni siquiera de hacer un mal movimiento.
Mientras me miraba trataba de adivinar si esa mirada seguía confirmando cosas o tratando de adivinar algo mas, si esa mirada era aprobatoria para mi alma o reprobatoria para la suya, era navegar en una duda mucho mas grande que la que me invadía antes de conocerlo.
Pero como evitar querer que me besara ¿?? Como evitar sentir que quería un abrazo de esos que nos habíamos dado tantas veces mientras hablábamos ¿?? Su boca sabría como imaginaba ¿?? La mía sabría como el esperaba ¿??
Eran demasiadas preguntas para tan pequeños instantes de silencio que no debían crecer, eran respuestas que tendrían que llegar rápido pero firmes y a veces no se dan las dos cosas al mismo tiempo.
No quería dejar de mirarlo ni un solo instante porque pasara lo que pasase, nada iba a ser mas real que sus ojos y los míos, ellos nos iban a guiar, fuera para lo que fuese.
Y así fue, sin que mediara ni una sola palabra, sentí como sus ojos fueron acercándose a los míos y sus manos tomaron mi cara, me hicieron sentir una corriente eléctrica por todo mi cuerpo y me calmaron, me dieron paz, me liberaron de todas las tensiones previas, de todas las dudas y las preguntas.
Nada de lo que pasara podía ser malo, quizás diferente a lo que habíamos imaginado, pero jamás malo. Sabia que no me lastimaría, esa no era su intención ni tampoco mi permiso así que eso no iba a suceder para nada.
Que hermosa sensación la de sus labios posándose lentamente sobre los míos, que hermosa imagen la de su boca rozando levemente la mía, con un beso protector, con un beso cálido, tierno y en el fondo, apasionado, como sabia que seria después.
No pude controlar nada de lo que sobrevino, era muy fácil rendirme a su boca, dejar que jugara con la mía, permitir que nuestras lenguas se buscaran instintivamente, se encontraran dentro y fuera, era maravilloso escuchar nuestras respiraciones entremezcladas, intentando entrar cada vez mas en el otro, a través de nuestras bocas o de nuestros oídos.
Quería pegarme a el, quería que encerrarme en un abrazo y una vez mas lo adivinó porque me dejó abandonarme entre sus brazos, nos unimos en una mitad generosa, amplia, donde solamente podíamos seguir besándonos y acariciando nuestros rostros, jugando con nuestros dedos y nuestras mejillas, aprendiéndonos de memoria para el después, para el momento en que necesitáramos recordarnos así, juntos.
Parecíamos dos adolescentes, desbocados los corazones, temerosos de hacer algo incorrecto y con todas las ganas del mundo de hacerlo, con la necesidad de cubrir todas las necesidades, con la esperanza de lograrlo y el deseo de satisfacer todos los deseos.
Los besos tímidos fueron dando paso a los curiosos, a los apasionados. Nos hicimos el amor besándonos, nuestras bocas eran nuestros sexos y los estábamos degustando, los estábamos acariciando, los estábamos humedeciendo lenta y firmemente.
Quien podía decir que así, sentados al borde de la cama, encerrados en un abrazo y besándonos, no nos estábamos haciendo el amor ¿?? Sin mas tacto que el de sus manos en mi rostro y las mías enredadas en su pelo, nos estábamos haciendo el amor por primera vez de una forma completa y sin egoísmos.
Fuimos cayendo en cámara lenta, dejándonos llevar, hasta quedar recostados completamente, siempre encerrados en ese abrazo que era el único continente que necesitábamos para ser, para encontrarnos y reconocernos como queríamos hacerlo.
Lenta y decididamente nuestras manos abandonaron sus calmos lugares y comenzaron a reconocer cada cuerpo, con misterio, con curiosidad y algo de abandono para que fueran ellas mismas, para que se dirigieran a donde quisieran, a donde el deseo lo determinara, a donde el otro estableciera un nuevo punto de placer.
Era extremadamente placentero darnos cuenta de la excitación del otro, nuestras respiraciones cambiaban sus ritmos segundo a segundo, nos hablaban, nos decían cómo, cuando y donde. Besarnos, mirarnos y seguir mas allá era lo mas natural del mundo, como si esta no fuera la primera vez que nos reuníamos, como si cada uno hubiera recorrido el mapa del cuerpo del otro en muchas otras ocasiones.
Mi cuerpo plagado de imperfecciones, pasó a decirme que podía ser el deseado; su cuerpo desconocido pasó a decirme que podía desear el mío y en medio de esas conversaciones intimas que ellos mantenían, estábamos nosotros, dejándonos llevar y averiguando siempre más.
Mi cama era un universo y sin embargo parecía pequeña ante la inmensidad de lo que nos pasaba, de las caricias que volaban cada vez mas alto, de los suspiros que llenaban el silencio de la habitación y eran nuestra propia música.
Nos deseábamos tanto como podíamos, nos abandonábamos al juego todo cuanto resistíamos y parecíamos no tener fin.
Sus manos, después de vagar por mi cuerpo, llegaron a mi sexo, se perdieron en él, se entregaron a él de la misma forma que él a sus manos, a sus dedos, a sus caricias. Conocí la forma en que las manos de un hombre pueden hacerme el amor solo acariciando mi sexo, hundiéndose en él, mojándose en él, escondiéndose para reaparecer y seguir mas allá, para llevarme a limites desconocidos.
Las mías se perdieron en su espalda, se cobijaron en ella, se refugiaron en ese amparo de hombre que me ofrecía sin condiciones ni restricciones. Necesitaba conocerlo palmo a palmo, sentirlo con cada cm. de mi piel y grabarlo en ella.
Así como las cenas deben regarse con el mejor champagne, nuestro encuentro se regó de los mejores besos que los dos podíamos regalarnos, no existió caricia alguna que no fuera acompañada de un beso tras otro, de una intima palabra susurrada al oído del otro, de un suspiro que no expresara lo que estábamos sintiendo.
Su cuerpo pareció responder mágicamente al tacto de mis manos sobre su sexo, lo sentí ansioso pero dispuesto, tenso pero expectante, deseoso de ese momento tanto como el mío deseaba que sus manos no lo abandonaran ni un solo segundo.
Me encantaba sentir que un orgasmo podía sobrevenir dentro de mi mientras se lo hacia saber con mi voz en sus oídos, me gustaba ese instante fatal en que me rendía a él y podía apenas suspirar buscando aliento siempre cerca de su rostro, para que grabara en sus ojos los míos, mi mirada, mi boca buscando la suya y poder pedirle de esa forma más y más.
Me enloquecía ver como entrecerraba sus ojos y se dejaba acariciar, como casi sin palabras toda su piel me indicaba donde esperaba mi próxima caricia, mi próximo beso, la necesidad de mi boca en cualquier rincón de su cuerpo.
Nos fuimos despegando de ese abrazo interminable para poder saborear con nuestras bocas toda la maravilla que el cuerpo del otro nos regalaba, para poder averiguar como sabia la pasión en un sexo anhelado, como habíamos anhelado nuestros sexos durante tanto tiempo.
Su sexo en mi boca, el mío en la suya y nada parecía tener fin, todo se renovaba a cada instante, la pasión, el deseo, la ternura, todas las sensaciones se reflejaban en cada caricia y en cada suspiro.
La unión de nuestros cuerpos, en forma total, sobrevino después de mucho tiempo, después de muchísimas palabras cargadas de erotismo y pasión, después muchísimas miradas plenas de lujuria y de sentimiento, del mismo que nos había llevado hasta ese preciso instante, en el que habíamos dejado de ser dos para ser uno solo.
Algo me decía que el lugar que su cuerpo ocupaba dentro del mío era el indicado, era el que había esperado e imaginado, algo me decía que la piel de los dos era la que teníamos ganas de sentir, de acariciar, de oler.
Su cuerpo tendido sobre el mío, apoderándose del mío, era maravilloso y mas todavía sentir como podía entregarme a él, dejando de lado cada instante de duda y vergüenza que había pasado hasta tenerlo por completo para mí.
No quería despegarme de su mirada, no quería que abandonara la mía mientras seguía entrando una y mil veces en mi, no deseaba más que eso, que sus movimientos cadenciosos marcando el ritmo del placer y el misterio.
Como podía desear tanto a un hombre como a él ¿?? De esa forma, completa y totalmente, abandonándome a un orgasmo cada vez mas hondo mientras nos mirábamos, mientras nos hablábamos al oído, mientras nos decíamos cuanto y como nos hacia bien estar juntos.
Sentirlo cansado, satisfecho, pleno y poder sentirme de la misma manera, fue la recompensa del placer, fue la recompensa de la duda y la prueba más contundente de que esta vez, por más que todos dijeran lo contrario, el deseo del corazón había anulado a La Naturaleza del Escorpión.
by el tigre

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